
En una sociedad democrática donde se contempla, en las leyes de cada país, los derechos y deberes de los ciudadanos existen líneas que o no están bien definidas o están tan borrosas que es muy fácil encontrar casos en los que se confunden derechos con una especie de patente para tener a la otra parte en un estado de miedo (por llamarlo de alguna manera), abogando por la defensa de nuestro derechos. Dicho de una manera sencilla sería: “cómo hacer las cosas para que la otra parte, dentro de sus derechos, no nos denuncie” Ya no se trata de hacer las cosas bien o hacerlas según nuestros criterios, sino tener permanentemente en cuenta otros factores para evitar problemas.
Médicos, policías, maestros, educadores y políticos son algunos de los profesionales que están en este peculiar punto de mira de los derechos de los ciudadanos. Hay más, pero para no extenderme en ejemplos cogeré éstos de muestra.
Caso 1. Una persona va a urgencias con síntomas de resfriado con fiebre. El sanitario, en su primera observación, está casi convencido que no se trata ni siquiera de una gripe común. Piensa que si fuera un familiar suyo le daría paracetamol y reposo un par de días. Pero no es un familiar. Debido a este factor ya no hace lo que él haría con un ser querido sino que le hace todas las pruebas posibles. De cara al paciente para descartar cualquier enfermedad, de cara a su propia protección: ¿evitar que en un futuro el paciente le pueda demandar por que no le hizo tal prueba?
Caso 2. Un maestro lleva siete meses de curso y falta un último trimestre para acabarlo. Es experimentado y sabe cómo llevar a grupos de alumnos e incluso se ha reciclado ante los nuevos problemas que han surgido con un sector de la juventud. Este año tiene un grupo de cuatro alumnos que boicotean la clase día sí y día también. El maestro lo ha probado todo y, en un mal día, hace un comentario desafortunado debido a un momento de alto estrés. El maestro entra a protagonizar un apertura de expediente, largo y tedioso, en el que queda mal visto por varios sectores de la comunidad escolar.
Caso 3. Una pareja de la Policía Local tiene que detener a unos políticos, ordenado por un juez, por presunta estafa en las cuentas públicas. Los agentes, siguiendo las indicaciones de un superior y la normativa del cuerpo, los esposan hasta presentarlos ante el juez. Un sector de los Medios de Comunicación y algunos partidos políticos se echan encima del Cuerpo de Policía acusándoles de exagerar las detenciones para favorecer a un partido político.
Caso 4. En un pequeño pueblo, un alcalde que se dedica a tiempo parcial a la agricultura, es objeto de una moción de censura por no justificar unos gastos. Viendo lo ridículo del gasto, casi todos creen que ha sido un simple error al no presentar la factura correspondiente. Da igual. Las presiones políticas de la oposición y los recientes casos de corrupción a nivel nacional ponen, a este alcalde, en el punto de mira y con su carrera política al borde de un precipicio.
Es una pequeña muestra pero hay más. ¿Cuántas veces realizamos un trabajo teniendo en cuenta que no nos llamen la atención? y ¿Cuántas veces modificaríamos nuestra forma de actuar si no tuviéramos este tipo de presiones? Hay quien pensaría que estos controles son necesarios para proteger los derechos de las personas. Pero, como las leyes están hechas de forma general, es muy difícil evitar estas situaciones en las que uno actúa para evitar un mal mayor. Sin llegar a justificar ningún error, la cuestión sería ¿cuántas veces hacemos las cosas bien porque creemos que se hacen de determinada manera, o actuamos para evitar las consecuencias negativas?
Quid pro Quo