Posteado por: Miguel | 4 Octubre 2009

En el punto de mira

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En una sociedad democrática donde se contempla, en las leyes de cada país, los derechos y deberes de los ciudadanos existen líneas que o no están bien definidas o están tan borrosas que es muy fácil encontrar casos en los que se confunden derechos con una especie de patente para tener a la otra parte en un estado de miedo (por llamarlo de alguna manera), abogando por la defensa de nuestro derechos. Dicho de una manera sencilla sería: “cómo hacer las cosas para que la otra parte, dentro de sus derechos, no nos denuncie” Ya no se trata de hacer las cosas bien o hacerlas según nuestros criterios, sino tener permanentemente en cuenta otros factores para evitar problemas.

Médicos, policías, maestros, educadores y políticos son algunos de los profesionales que están en este peculiar punto de mira de los derechos de los ciudadanos. Hay más, pero para no extenderme en ejemplos cogeré éstos de muestra.

Caso 1. Una persona va a urgencias con síntomas de resfriado con fiebre. El sanitario, en su primera observación, está casi convencido que no se trata ni siquiera de una gripe común. Piensa que si fuera un familiar suyo le daría paracetamol y reposo un par de días. Pero no es un familiar. Debido a este factor ya no hace lo que él haría con un ser querido sino que le hace todas las pruebas posibles. De cara al paciente para descartar cualquier enfermedad, de cara a su propia protección: ¿evitar que en un futuro el paciente le pueda demandar por que no le hizo tal prueba?

Caso 2. Un maestro lleva siete meses de curso y falta un último trimestre para acabarlo. Es experimentado y sabe cómo llevar a grupos de alumnos e incluso se ha reciclado ante los nuevos problemas que han surgido con un sector de la juventud. Este año tiene un grupo de cuatro alumnos que boicotean la clase día sí y día también. El maestro lo ha probado todo y, en un mal día, hace un comentario desafortunado debido a un momento de alto estrés. El maestro entra a protagonizar un apertura de expediente, largo y tedioso, en el que queda mal visto por varios sectores de la comunidad escolar.

Caso 3. Una pareja de la Policía Local tiene que detener a unos políticos, ordenado por un juez, por presunta estafa en las cuentas públicas. Los agentes, siguiendo las indicaciones de un superior y la normativa del cuerpo, los esposan hasta presentarlos ante el juez. Un sector de los Medios de Comunicación y algunos partidos políticos se echan encima del Cuerpo de Policía acusándoles de exagerar las detenciones para favorecer a un partido político.

Caso 4. En un pequeño pueblo, un alcalde que se dedica a tiempo parcial a la agricultura, es objeto de una moción de censura por no justificar unos gastos. Viendo lo ridículo del gasto, casi todos creen que ha sido un simple error al no presentar la factura correspondiente. Da igual. Las presiones políticas de la oposición y los recientes casos de corrupción a nivel nacional ponen, a este alcalde, en el punto de mira y con su carrera política al borde de un precipicio.

Es una pequeña muestra pero hay más. ¿Cuántas veces realizamos un trabajo teniendo en cuenta que no nos llamen la atención? y ¿Cuántas veces modificaríamos nuestra forma de actuar si no tuviéramos este tipo de presiones? Hay quien pensaría que estos controles son necesarios para proteger los derechos de las personas. Pero, como las leyes están hechas de forma general, es muy difícil evitar estas situaciones en las que uno actúa para evitar un mal mayor. Sin llegar a justificar ningún error, la cuestión sería ¿cuántas veces hacemos las cosas bien porque creemos que se hacen de determinada manera, o actuamos para evitar las consecuencias negativas?

Posteado por: Miguel | 15 Septiembre 2009

Jóvenes Ni-Ni

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Odio las generalizaciones tanto como la intolerancia. Sin embargo, negar que existe una buena parte de jóvenes nacidos en la década de los noventa que ni estudian ni trabajan y que algunos medios de comunicación catalogan  de Generación Ni-Ni (ni estudian, ni trabajan), es llevar una venda en los ojos.

Tan preparados y satisfechos con sus vidas, y tan vulnerables y perdidos, nuestros jóvenes se sienten presa fácil de la devastación laboral, pero no aciertan a vislumbrar una salida airosa, ni a combatir este estado de cosas. El dato asomaba hace poco, sin estrépito, entre los resultados de la última encuesta de Metroscopia: el 54% de los españoles situados entre los 18 y los 34 años dice no tener proyecto alguno por el que sentirse especialmente interesado o ilusionado. ¿Ha surgido una generación apática, desvitalizada, indolente, mecida en el confort familiar? Los sociólogos detectan la aparición de un modelo de actitud adolescente y juvenil: la de los ni-ni, caracterizada por el simultáneo rechazo a estudiar y a trabajar. “Ese comportamiento emergente es sintomático, ya que hasta ahora se sobrentendía que si no querías estudiar te ponías a trabajar. Me pregunto qué proyecto de futuro puede haber detrás de esta postura”, señala Elena Rodríguez, socióloga del Instituto de la Juventud (INJUVE).

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Posteado por: Miguel | 8 Septiembre 2009

¿Todos los caminos conducen a Roma?

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Hay personas que tardan más en darse cuenta que tienen que seguir su camino y no estar permanentemente comparándose con los demás, como si de un adolescente se tratara. Algunos lo tienen claro desde muy jóvenes y otros, en los que me incluyo, ya estaba en la mitad de la veintena cuando me di cuenta que si no marcaba mis propias líneas de lo que quería hacer con mi vida, nadie iba a venir a hacer ese trabajo.

De todo esto no había vuelto a pensar hasta que el otro día me encontré, en mi barrio, a J. Y no sé porque me vino esa reflexión tras hablar con él ya que en un principio no le vi mucho sentido a estos pensamientos. Ahora, un par de días después, puedo ver la conexión.

J. fue compañero de trabajo a principios de los noventa. Tres o cuatro años más mayor que yo pertenecía a los veteranos de un grupo de trabajadores que se llevaban bien dentro y fuera del trabajo. Era un mal profesional pero uno de los mejores compañeros que he tenido. Su falta de implicación, irresponsabilidad e inmadurez contrarrestaba con una fidelidad casi mosquetera hacia los que consideraba sus compañeros y amigos. Yo me incluía dentro del primer grupo ya que pocas fueron las veces que continuaba esa relación fuera del horario del trabajo. Esta manera de actuar la sigo manteniendo hoy en día.

Como relataba, hace un par de días paseaba por mi barrio y escuché una voz que hablaba por teléfono. En un segundo la relacioné a pesar que la última vez que la escuché fue hace cinco años en las que, casualmente, me lo encontré en un restaurante. Nos dimos un abrazo y aunque recordaba mi nombre y apellidos creo que tenía algunas lagunas y confundía alguna gente que se suponía que ambos conocíamos en común. El olor a alcohol, que J., intentaba disimular con un autocontrol experimentado, abrió la puerta de mi memoria. Fue padre muy joven y no sólo de uno sino que tuvo cuatro niños (hasta lo que yo sé) con su novia de toda la vida cuando todavía no había cumplido los veinticinco. La novia se dio cuenta que su juventud se había terminado e hizo de su resignación la fuerza necesaria para tirar del carro como tantas otras jóvenes. J., no. Él se rebeló contra el destino que se había marcado: llegaba tarde a casa, nos llamaba al trabajo para que le excusáramos ante unos jefes cada vez más decididos a despedirlo.

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Posteado por: Miguel | 23 Agosto 2009

Dexter

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En plena era de las series de televisión en las que el éxito, en muchos casos, supera a las películas convencionales es imposible verlas todas, incluso ver las más conocidas. Todo el mundo habla de Lost, House o El Mentalista (por poner un ejemplo) pero son decenas las series que tienen su público fiel y duran varias temporadas.

Hace tiempo que tenía pensado escribir sobre alguna de las series que más me han impactado pero corría el riesgo de quedarme corto ya que hay series que tienen tanto fondo que un blog no es el más propicio, por lo menos para mi.

Me centraré en una que acabo de terminar de ver su tercera temporada y concretamente en dos aspectos del personaje principal: su personalidad y su código. Me refiero, evidentemente, a Dexter.

Brevemente, Dexter es un forense que trabaja para la policía de Miami y también se dedica a asesinar a delincuentes que han burlado el sistema judicial. No sólo los mata sino que se deshace de los cuerpos tras una especie de ritual. Dexter es lo que viene a ser un psicópata de libro: persona aparentemente normal, novio formal, trabajador, buen compañero y hermano y con un lado oscuro que sólo conoce él y sus víctimas, claro.

Dexter se basa en un código que le enseñó su padre adoptivo y con él puede gestionar sus instintos asesinos. Él es consciente de que si sus más allegados conocieran su secreto le considerarían un monstruo, pero por otra parte reconoce que existe mucha gente que le consideraría un héroe ya que se deshace de asesinos que consiguen burlar a la justicia o, como él dice, se dedica a “sacar la basura”.

En este punto se produce una serie de dilemas que están relacionados con el gran seguimiento de la serie: ¿estamos de acuerdo con lo que hace Dexter? ¿Haríamos lo mismo? ¿está justificado? ¿utiliza su “código” como excusa para poder matar? ¿puede él tomarse la justicia por su mano? ¿por qué cae tan bien un personaje que miente, manipula, mata y no es honesto con los demás?

He escuchado y leído comentarios para todos los gustos: desde que lo consideran un superhéroe políticamente incorrecto a los que creen que nadie puede decidir sobre nadie por muy mal que haya hecho.

En fin, una serie que se centra exclusivamente en el personaje (sin él sería una serie policiaca más del montón) y que falta por ver cuál va a ser su evolución y moraleja final que los guionistas nos puedan tener preparado.


Posteado por: Miguel | 27 Julio 2009

Perdón y después ¿qué?

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Te pido perdón“. Esta frase la he escuchado muchas veces en los últimos tres meses. Niños y adolescentes con escaso (por no decir nulo) autocontrol que en vez de enseñarles técnicas de autocontrol utilizan el perdón para zanjar un conflicto. Uno se pelea con otro y cuando ven que pueden tener consecuencias por su comportamiento, de pronto, se escucha: “¿Me perdonas?” y, dirigiéndose a mi me aclaran: “¿Lo ves? ya somos amigos“. Y se quedan tan anchos.

Y así iban pasando las semanas y la estrategia siempre era la misma: primero descargan toda su ira física y verbalmente, jurándose venganza eterna y después como si nada. “Ahora sois amigos pero el problema no se ha solucionado y volverá a surgir“- Sorprendidos, me miran y se extrañan que no me alegre de su tregua.

Deberíamos dedicarnos a la adivinación porque el problema volvió a surgir en cuanto se dieron las circunstancias para ello. Y ahora, la rabia actual se suma a la acumulada. Cuesta más pedir perdón pero al final sigue siendo la única estrategia que conocen.

No está mal pedir perdón, es sinónimo de arrepentimiento y de ceder un poco“, me dice una compañera. “Como primer paso, está bien. Pero no es suficiente“, contesto. Ni por asomo. Más, cuando el problema se regenera una y otra vez. Además, que la “teoría” se la saben de memoria y el perdón no es sincero ni sentido.

Claro está que, en mi opinión, sentarse a resolver el conflicto trae trabajo y a veces no disponemos del tiempo y otras creemos que va a servir de poco ya que estas habilidades no se adquieren e interiorizan en un día. Y en algunos casos no están dispuestos para el cambio. O se trabaja desde muy pequeños o a medida que pasan los años decrecen las posibilidades de cambio.

Y no sólo me refiero a casos muy concretos, posiblemente los más graves, sino a los que podemos ver cada día en la calle con jóvenes y no tan jóvenes que resuelven los problemas por la via más fácil: descargándo toda la agresividad en la otra persona y, ya de paso, que se lleve toda nuestras frustraciones y rabia acumulada para que la reparta como crea conveniente.


Posteado por: Miguel | 11 Julio 2009

Oxígeno

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Nos da la sensación que el tiempo transcurre más deprisa a medida que cumplimos años. Nos quejamos de que todo pasa a una velocidad tal que no disfutamos del momento. Paradójicamente, esperamos ansiosos fechas concretas: “A ver si pasa ya esta calor“; “las Navidades me ponen triste, espero que pase deprisa“; “a partir del año que viene me podré presentar a esas oposiciones“; “ya queda menos para que empiece la temporada de fútbol…

Los adolescentes ansían la llegada de la mayoría de edad porque para ellos significa libertad y que los adultos ya no les traten como niños; los jóvenes tienen prisa para comprar piso, casa y montar una familia antes de que sean demasiado mayores; los adultos, en la entrada a la vejez, cuentan los días que les quedan para jubilarse de un trabajo que les ha ocupado toda una vida.

¿Qué pasa con el ahora? ¿con el presente? ¿con vivir el momento? Cierto es que hay gente que lo vive y no se puede sentir identificada con el perfil anteriormente descrito pero los comentarios de impaciencia los escuchamos demasiadas veces. Necesitamos parar para oxigenarnos e intentar vivir un poco lo que pasa ahora y no esperar lo que pueda venir porque, a lo mejor, no llega, no pasa o simplemente pasará y estaremos esperando otro acontecimiento.

Vivir el momento no es ser irresponsable, es evitar que cuando seamos muy mayores nos demos cuenta que no nos queda esperar nada más y tomemos consciencia de lo que hemos dejado de vivir por no saber parar y oxigenarnos.

Posteado por: Miguel | 8 Junio 2009

Los hombres que no amaban a las mujeres

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Después del fisco de El Código Da Vinci (el libro porque la película ni me molesté en ver), tenía mis reticencias para ver la versión cinematográfica de la primera parte de la triología Millenium de Stieg Larsson. A diferencia de la historia de la conspiración de la Iglesia, la novela sueca le supera en calidad. Sigue siendo un best seller para pasar un buen rato y evadirse a otras historias, pero le gana en calidad. Creo que, dentro de este género del best seller, es de lo mejor. Por lo menos cumplió con creces mis objetivos.

La película del mismo nombre sigue fielmente la novela en un noventa y cinco por ciento, consiguiendo contar toda la historia en dos horas y media que no se hace nada pesada. También fui a verla intentando no compararla con el libro desde antes de entrar en la sala (las películas casi siempre salen perdiendo en este aspecto) y aunque tenía el handicap de conocer el final consiguió que no perdiera el interés en ningún momento.

Sobre los actores, nada conocidos en nuestro país, me ha ocurrido un hecho curioso: creo que es la primera vez que las caracterizaciones de los personajes se ha acercado mucho a las que me hice cuando leí la novela. Aunque este hecho no sé si es mérito de mi perspicacia o de lo bien que describe los personajes Larsson en la novela. Creo que va a ser lo segundo.

Para los que no hayan leído el libro por diversos motivos (a veces las grandes ventas producen adminaversión) pueden ver la película como un thriller europeo más que aceptable.

Posteado por: Miguel | 3 Junio 2009

El efecto boomerang

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Alguna respuesta antropológica explicará algunos comportamientos humanos, y de los mamíferos en general, entre adultos y niños a la hora de protegerlos. Sea bien por instinto, por aspectos culturales o sociales las personas actuamos con especial sensibilidad cuando se trata de gente desprotegida y todavía con más intensidad cuando son los niños los que han sido injustamente tratados por los padres que les ha tocado en (mala) suerte.

Sin embargo, en más ocasiones de las que imaginamos, tendemos a intentar sobreproteger en demasía y compensar a estos niños el daño que les han causado. Casos de abusos, maltrato (de todos los tipos) y de injusticias que les han impedido tener una infancia normalizada como los demás, nos lleva a ceder en sus demandas ya que tenemos presente por todo lo que han pasado y lo último que queremos es que se vuelvan a frustrar. 

En mi opinión es un error, porque muchas veces las personas actuamos para compensar en vez de normalizar y esto a la larga se paga, y el precio es que estos niños desarrollan comportamientos caprichosos, egoístas y forman un mecanismo para conseguir lo que quieren utilizando su situación. Puede parecer un poco violentas estas afirmaciones pero en algunos casos vividos lo he comprobado. 

El caso de una niña, la podemos llamar Alicia, que lleva dos años separada de su familia por negligencia y un tipo de maltrato. Alicia, rubia, guapa y con una vocecita suave cuando tiene que pedir algo es, cuando quiere una niña con exigencias caprichosas, con una actitud prepotente y que no es sincera casi nunca ya que habla mal de alguien y es capaz en un segundo de cambiar la cara para mostrar una sonrrisa conciliadora cuando la tiene delante. Por su puesto, no voy a demonizarla ya que tiene muchas virtudes y cuando le corriges estos comportamientos es capaz de entender que lo que hace no está bien: sólo se está “aprovechando” de toda la sobreprotección que le están dando los familiares que se la llevan los fines de semana y le consienten todo lo que quiere la niña y más. Y, claro, después llega el lunes y la niña sigue creyendo que puede conseguir lo que quiere con solo pedirlo. Como ejemplo sirva que en su último cumpleaños vino repleta de regalos (PSP, bicicleta, muñecas incuídas), pero le tuvimos que comprar ropa interior puesto que sólo le quedaban dos conjuntos. 

Aquí, los sospechosos habituales no es la niña sino todos los adultos que queremos compensar con regalos atractivos a niños que han pasado por un trauma creyendo que la sonrrisa que se les dibuja en la cara borra todos los malos recuerdos que tienen y el efecto puede ser devastador: niños y niñas egoístas, con valores únicamente materiales y que creen que todo esto les va a durar toda la vida. 

Posteado por: Miguel | 26 Mayo 2009

Tiempos de empatía

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Tiempos de Crisis. Tiempos de Cambios. Tiempos de Miedos. Tiempos de Incertidumbre.  Ilusiones reprimidas.

Momentos en que la palabra empatía cobra un significado más profundo y vital. Una mejora profesional, un  viejo sueño cumplido o un momento de felicidad puede convertirse en tabú este año. La familia bien avenida y los amigos auténticos se alegran de tus progresos como persona y de todo lo bueno que te pase. Por eso, hoy más que nunca te das cuenta de quién está contigo, de quién se alegra por tus progresos, de quiénes  te animan a que cumplas el sueño del viaje de tu vida y de a quién, a pesar de que él sea un afectado por esta Crisis, se le dibuja una sonrrisa sincera cuando te ve feliz.

Y, a pesar de ello, frenas tus ganas de demostrar tu alegría a la gente que más quieres porque, aunque sabes que se alegrarán, quieres respetarlos. Aunque sea a costa de reprimir tu felicidad.                                                                                       

Posteado por: Miguel | 11 Mayo 2009

El Señor de las Moscas

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Sin llegar, ni por asomo, a la calidad del libro de William Golding,  la versión cinematográfica de Harry Hook  es una película didáctica, clara y sencilla; ideal para trabajar con adolescentes en cualquier contexto (social o escolar) 

La novela-película tiene varias perspectivas: desde la visión antropológica a la educativa, pasando por la sociológica. La formación de pequeñas sociedades, el debate sobre la necesidad de normas sociales, el instinto de supervivencia o la carrera por el poder son algunos de los muchos nudos que tiene la cuerda de esta historia.

Un grupo de cadetes de una escuela militar estadounidense llega a una isla desierta tras caer al mar el avión que los portaba. Al darse cuenta de las pocas probabilidades que hay de ser rescatados, deciden unirse para sobrevivir, estableciendo unas normas mínimas de convivencia y un reparto de tareas. Pero pronto uno de ellos decide desmarcarse del grupo, arrastrando consigo a otros. Lo que en principio parece una escisión sin mayores consecuencias, acabará por convertirse en una guerra entre dos bandos, el escindido –que acabará siendo mayoritario, y en el que se vive bajo el dominio despótico del cabecilla–, y los que desean mantener la estructura inicial, que acabarán siendo reducidos en número hasta quedar dos (Ralph y Piggy).

Pero antes ocurre un sórdido suceso: uno de los niños es asesinado con lanzas en medio de una frenética danza cuando se aproxima corriendo con un neón en la mano a una celebración del grupo en torno a una hoguera para dar la noticia del hallazgo del Capitán Vicent. La negativa a asumir la responsabilidad de este acto arrastrará al grupo a una espiral creciente de violencia y sinrazón. Piggy, que de algún modo encarna la voz de la razón, acabará siendo también asesinado, y después de ello, se inicia la persecución de Ralph, que encarna al sentido común, para lo cual prenden fuego a la isla. La llegada de fuerzas militares pone fin a la dantesca situación. (Wikipedia)              

 

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