Buscando día a día noticias positivas para luchar contra este pesimismo (y no soy optimista ni mucho menos), me fijo en los pequeños gestos, actitudes o comportamientos que creo que son resultado de los momentos que estamos viviendo.
Uno de ellos es que percibo que cuando voy a comprar veo más predisposición del empleado o empleada de turno a ser más amable con el cliente, a mirarte a la cara cuando le hablas y que te vas del negocio pensando que igual vuelvas otro día. Especialmente ocurre en los supermercados, en las tiendas pequeñas, salvo ocasiones, el trato es correcto.
Y es que no hay que generalizar, ni mucho menos, pero no es lo mismo ganarte tu pan directamente a que te lo dé otro de forma indirecta. El que te trata indiferente detrás de un mostrador debe tener en cuenta que, por esa actitud de “tener un mal día”, igual no vuelves.
Y eso que en las grandes superficies invierten mucho tiempo y dinero a tratar con el cliente. Pero hay cosas que no se aprenden en dos cursillos.
Es simplemente, buena educación.
Quid pro Quo